miércoles 5 de enero de 2011

Manucha que habla


A veces, suelo estar en la cama pensando cosas difíciles de concretar en la realidad. Uno, sin embargo, siempre tiene la extraña esperanza de que algo de todo lo que añoramos suceda. Meditando por horas bajo mi sábana, trato de incorporarme de a poco a la vida, como queriendo escapar de un letargo furioso de viernes por la noche. Acomodo las almohadas que están dispersas a lo largo y a lo ancho de la cama, de repente surge un rose sumamente lindo con las frazadas. Ese rose que hace estremecer el estómago. Como haciéndome el distraído alcanzo de la mesa de luz el control remoto del televisor, todavía no quiero mirar pero ya siento aquello de cuando la cosa se pone dura para luego pasar a lo espeso. Aprieto el botón de encendido y comienza el show de luces desde la pantalla chica, el zapping me divierte pero estoy pensando en otra cosa. Sigo manteniendo la planicie de mi mano junto al control remoto, no voy a hacerle caso a mis contiendas cerebrales. Ya en mi cabeza las imágenes de la noche anterior pasan como ráfagas alucinógenas. Entonces, la cosa se ha puesto peor, no solo que se ha puesto dura (como ya dije) sino que, más bien, creo yo, está a punto de estallar. Sigo pensando en por qué estoy reprimiendo tal sentir, y no encuentro respuesta. Qué hago. Dejo la tele y el control y me concentro en lo mío, cuándo podré dejar este vicio que me consume hasta cinco veces al día, yo he prometido sobre la tumba de mis antepasados que iba a abandonar este hermoso pero arruinante hábito, y soy un hombre de palabra. Pero ahora la firmeza venía por otro lado, la verdad (modestia aparte) era realmente impresionante, y no por el tamaño (aunque un poco suma a la cuestión) sino, más bien, por la entereza del hecho, por la vigencia. A todo esto había pasado ya media hora y el tipo seguía como soldado a punto de ir a la guerra, creo que en ese momento le puse Mambrú (por el tema popular ese de se fue a la guerra.. lalalalalala), y me empezaba a transpirar la cabellera. Tengo que resistir, tengo que resistir, me decía por dentro. En ese ir y venir, siento que el control se me cae de la mano. Cuando intento alcanzarlo para volver a pensar en otra cosa, mi mano no me respondía, o sea, no activaba de ninguna forma. Mi cerebro quería que ella se moviera pero nada y ahí sucedió algo muy extraño, quizás haya sido por todo el stress que venía acumulando, quizás fuesen por las drogas para el asma, no se que mierda fue, pero en ese instante mi mano me habló:

- Che, pelotudo, porque no te dejás de joder y me das rienda suelta para tomar por las astas al coso este que ya se está volviendo medio pesado

- Eh, ¿pero cómo es posible?, Dije a viva voz

- Si, ya sé.. soy yo tu mano derecha… literalmente claro

- Eh?

- Viste que con la actividad que vos me hacés tener día tras día, tras día, tras día, bue, algunos afirman que te salen pelos y demás, yo te quiero decir que es mentira. No te salen pelos, no se te caen las uñas, no no no, lo que hace la mano cuando observa que hay un uso desmedido le sale una boquita, ¿Ves?, como la que me salió acá, y por eso hablo y te digo todo esto.

- La verdad que me parece de no creer pero dadas las circunstancias veo que es así, que impresionante

- Si, es verdad. Mi misión consiste en persuadirte un poco, es decir, no te reprimas. Yo te voy a dar una mano, je. Un chiste. Lo que te quiero decir es que dale para adelante. Mirá como estás. Transpiras como testigo rengo

- Falso

- Falso tu abuela, yo digo la verdad

- No no, digo que testigo falso, vos dijiste que transpiraba…

- Ah ah, jeje perdoname es que a veces me voy , soy un poco impulsivo

- Se te fue la mano, jeje

- Bue, cortemos con las boludeces

- Perdón

- ¿Que te estaba diciendo?

- Que no me reprima

- Claro, eso mismo. Deja que tu naturaleza crezca, que siga a tu corazón, a tus ganas. Aprovechá ahora que te pasa esto porque en unos años no la levantás ni con una grúa. Dale nomás, deja que yo haga el trabajito. Vos relajate y pensá en cosas lindas, en cositas lindas, jeje. Bueno, nos hablamos en otro momento, ahora te dejo que tengo cosas que hacer.

- Ok, gracias.

Después de un rato me levanté. Me tuve que duchar varias veces ese día.

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