martes, 15 de noviembre de 2011

Se rie de las pastillas


Basado en una canción de Palo Pandolfo.


Romina soltaba la carcajada a más no poder. Le gustaba agarrarse las entrañas y retorcerse en su risa. Su habitación jugaba de testigo indiferente. Odiaba mucho. Rabiosa como pocas pero igual se reía. Y no había con que darle porque curtida estaba por todo el barrio pero ella no arriesgaba el mazo y se iba en medio de las contiendas, sabiendo que los lobos quedarían con hambre. Su sangre le corría por los brazos y dejaba que la lamieran por todo el cuerpo, las hojas de viejos escritos yanquis corrían desesperados buscando refugio en los recovecos de la antigua morada en Belgrano. Y de fondo se escuchaban los Visitantes, y ella sola bailaba, y se enroscaba en su comedia mientras actuaba frente al espejo.

Tomaba anfetas para mejorar su estadía o solo para que la merca no esté solitaria, eso estaba dentro suyo, porque todavía no había nacido el orgasmo que la haga sentir mejor que un tiro de jueves a la madrugada, porque todavía tampoco había crecido una flor más fuerte que la que ella cosechaba, porque nadie aún la había tocado como ella hubiese querido. Y levitaba y se ponía su auricular rencoroso que le susurraba melodías desprolijas de Luca, y se divorciaba de la sociedad, como se divorciaron sus padres cuando ella era chica, y eso no lo entendió jamás, porque su padre se fue con otra mujer que no era su mamá, y su mamá se tomo dos frascos de pastas y la quedó ahí nomás, en el baño de su casa se mató, y Romina nunca supo despejar esos rulos de la cabeza, y no quería que nadie se lo explique, porque no había nadie.
Ya en su tumba se vio más tarde, con su remera de Janis, en un cajón con flores adornado, con humo entre los presentes, con una guitarra tras la imagen del sepulturero, y allá recibida por Cancerbero, enloqueciendo al mismo Satán, dejando que la pinche por un rato hasta que su sangre dejara la marca del deseo de los demás por su cuerpo, por sus adicciones, por sus aires de actriz, por sus pósters de Marilyn, por sus botellas de vino a la mitad, por su cuerpo, por su infinita triste sonrisa.

lunes, 12 de septiembre de 2011

A ti, Julio





Una plebeya se acerca y pregunta:

¿Alguien más desea tomar el timón?

Nadie contesta, todos miran. El póker en la mesa yace sin sentido, otro puro ingenioso se mete en mi camisa, luego la plebeya sonríe y me acerca un trago. Ya no deseo tanto conservarme en pie, quisiera hundir mis ojos en la almohada, quisiera entrar en aquel cuarto junto a mi desdicha.

El alto conserje se mueve de un costado al otro sin dejar rastro de su ceguera, la propina no le alcanza, su respiración es inconstante pero su labio no cesa al cansancio. Hay un hipo recurrente que no me deja escuchar al trompetista, hay otro suspiro que me llega desde París, hay otro payaso que se ríe en su tristeza, se moja sus pies con las lágrimas ajenas, mueve su peluca y le hace burla al conserje. La plebeya me mira suspicaz, yo la lloro y le hablo un no se qué, le cuento la mesura, le suspiro al oído, le suplico que me olvide. No me habla, me mira y me hace un ademán. Allá, por lo bajo, el conserje pierde una apuesta con el payaso.

En al aire ya no hay esperanza, ni famas, ni cronopios, cronopios, cronopios.

La autopista va desviando la atención de los presentes. Se juntan el toro, la Maga, los premios, la bestia y Verne. Todos ellos mirando a la plebeya, yo junto monedas para el whisky, de arriba un Dios me guiña el ojo, mientras Lucifer junta los dados.

Es de noche y hace frío en la oscura Buenos Aires. Algún taxi sentirá el aroma de un perdedor, algún hotel dejará que yo descanse intranquilo, algún libro me verá caer rendido. El cotejo no se hace esperar, otra vida tirada al suelo. Sobre el cemento estoy, allí me encuentro.

martes, 16 de agosto de 2011

Nueve de abril



La luna de las noches no es la luna que vio el primer Adán.
Borges
Y así entraba en cada lugar, con el viento a cuestas y el cabello encabronado saltando de furia por encima de su frente. La cicatriz que le rozaba el pecho por debajo de su cuello la hacía ver aún más inocente, más preciosa que de costumbre. Los viejos tiempos ya no volverían a entrometerse en su mente, había forjado un encuentro con su última pesadilla, obligó en sueños a los malditos que no la molestarán más, trató de refugiarse en sus bufandas más abrigadas, en sus noches de insomnio de largos capuchinos, de verticales Walker, de bocanadas profundas, de rayos de sol en la cara por la mañana, de camisetas transpiradas.
Aquel día en donde la noche no terminaba de caer y la luna cedía con un poco de luz todavía, Lisa salió de su casa a patear un poco el aburrimiento. El viejo San Telmo tenía cobijas de sobra en todas sus cuadras. Las esquinas miraban como ella pasaba indiferente, no le agradaba la arquitectura sino más bien el olor del barrio. Ella decía que no había olor más rico que el de aquel añejo arrabal. Y así tan loca, tan desafiante, empujando con su nariz los huracanes más violentos, hundiendo en el plato toda su risa para atomizar los dolores de cabeza, y otra vez al futón. De espaldas a la tristeza, abrazando el calor de las antiguas estufas, adorando cada línea de Twain, lagrimeando afiches de Allen, derribando puertas con su enojo, dejando amores hundidos en el subsuelo de los bares. Por ahora, bien cumplidos tenía los veinticinco. Los llevaba consigo a todos lados.A mí en cambio todo me parece oscuro, la memoria me empieza a fallar, qué daría yo por recordar aquellos momentos. Si se me apareciese otra vez la imagen del flamenco herido, si la ciénaga me permitiera acomodarle el brillo opaco, si la ceguera me dejara ver a través del mar de los celos, si mi cuerpo se volviese transparente, si mis ansias pasaran solo una noche más por Lavalle, si el viejo San Telmo me sonriera otra vez como cuando pasaba en las noches de caminata, si pudiese tocar aquella cicatriz otra vez, que ahora ya no la recuerdo, pero la imagino, quisiera poder levantarme de esta tumba, de la tierra que me quita el aire, del nicho que me cobija hoy, todo eso yo más quisiera.

lunes, 21 de febrero de 2011

Serás cortado en pedacitos.


Ismael no sabía como decirle en ese momento a su padre que se iría lejos. Después de la muerte de su hermana la casa se había puesto desolada. Ya entrada en la soledad, Jazmín se quitó la vida en el baño de su habitación, abriéndose las venas con un largo camino cortante. Ismael lo sintió como un puñal en el pecho, su padre lamentó más la posterior muerte de su madre que no soportó el desasosiego de perder a su bella niña. La rapidez de las situaciones no dejó que los sentimientos se atrincheraran. En aquella época, de letargos momentos y cigarrillos mojados, las siluetas de las lágrimas esgrimían un encanto superior al del abrazo, allí las personas se refugiaban en un helecho de rosas e intentaban cobijar el dolor de las brumas cerca de su casa, las soledades más continuas eran aquellas de los solteros y solteras que no podían sentir el yermo, cuando les daba la eterna alegría de apreciarse con alguien allí, de repente se escaparían como sal en el agua de río. No en vano, la sangre de Jazmín corrió en la bañera, su nomenclatura no dejaría que lleve el peso de la derrota, no así, siendo aún la más pequeña, el llanto no pudo ser suficiente, entonces su alma quiso más, se la entregaría a los ángeles para que se apiaden de ella, allí donde ya no es posible regresar a la Tierra, allí donde ya no se sufre, donde la sangre se convierte en vino y el dolor es solo una palabra. La noche en que Jazmín se mató había escrito varias cosas, algunas bellas otras no tanto, porque andaba muy triste y encabronada con la situación. Meditó durante varias horas su decisión, aumentando así su calibre emocional. Juró, antes de partir, que su secreto sería llevado a la tumba, y así lo hizo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

El mar de Maribel



I


Alojada sobre la arena le resultaba un poco difícil no sentirse un tanto mareada. Trataba de pensar un poco menos, de satisfacerse sola por un momento, de girar su cabeza sobre sí, de parlar de a ratos con la biósfera. Su envoltura era de una gran beldad pero no se confiaba de su ser, no proponía seguridad en sus pasos y se dilataban sus pupilas con eterna facilidad. Desde hace un tiempo se le ha puesto brava la cosa, de caminatas solitarias por las noches, de drogas duras por el día. ¿Quién le dirá no a Zeus? Ella se atrevería, no sabría si en ese momento, pero allí en la arena empezaba a traficar sueños. Esos sueños que la agasajaban con dulzura, a veces convertidos en pesadillas, en enteras alucinaciones de un altar de rosas. Y en el presente se diluía en gotas de mar, en lágrimas que quemaban la playa, en una blanca promesa por dentro de sus narices, en jeringas resolutas de un placer momentáneo. Era una de esas chicas a la que le costaba centrarse en un solo camino, el de amar y dejarse amar. Las flores que ha puesto en su destino no tenían el cantar de la jungla, sus devotos ya no la pronunciaban como la bella que algún día supo ser. Ahora estaba en veremos la continuación de su periplo, de su encanto borracho, de sus agónicas conquistas. Pero quién le quitaba lo bailado, lo trasnochado, las pequeñas delicias de su angosta vida, aquella de boliches secos, de bares muertos, de amigos que ya no están. Y caminar solo por utopía, de saber que nunca logrará su cometido, su destino marcado le fastidiaba al contarlo, al no hacerse cargo de sus naipes, de sus contiendas y sus fracasos. Maribel juntaba sus cosas y las ponía dentro de su bolso, ese que estaba lleno de cosas insignificantes pero traía consigo también algunos libros, algunos cassettes de su juventud. Y así le pintaba la vida, sola siempre junto al mar. Allá por Barcelona. Estando lejos de su adolescencia prefirió hundir sus votos en la Europa alejada. Pero por entonces había llegado el momento en que lo iba a hacer. Tanto tiempo meditando para llegar a su fin. Porque el destino estaba marcado por ella. No por Dios. Ella solía bromear todo el tiempo. Nosotros pensamos que era juego cuando nos dijo que se iba a España.

-Me voy a la mierda, me dijo un día.

-La mierda está por todos lados, le dije.

-Ya lo sé, pero me voy a Europa.

-¿A qué?

-A estar sola. Aquí no me siento bien. No consigo lidiar con todo lo que me rodea. Estoy enamorada de vos pero aterrada de la vida. Quisiera poder ser más clara pero no puedo. Te pido que me entiendas.

-No puedo entenderte. Quiero ir con vos pero mis humos no me dejarían. Además, la odisea no es para mí. No tengo tanta sed de mar. Quedate acá por favor.

-Ya lo decidí, me voy en una semana.

-…..

-Lo sé. Es muy pronto, te pido que me ames en tu recuerdo, muy pronto nos volveremos a juntar, te lo prometo.

Entonces ella se fue. Y ahora allí. Lo volvió a pensar. Uno y mil puchos más. Y por fin lo decidió.

Se sacó la ropa. Era de madrugada. Apagó su último cigarro sobre la arena. Se puso un poco nerviosa, soltó su larga cabellera y respiró profundamente. Allí se adelantó unos pasos, miró al cielo y le hizo un gesto de cariño a la luna triste. El agua ya le tocaba los tobillos, se agachó y se mojó la cara, tuvo sexo con el mar por un minuto, ya estaba humedecida por la natura del aire. Enfrentó la densidad de la tempestad y se abrazó con Poseidón. Ahora dejaba de respirar. Su alma estaba en otro lugar, su cuerpo inmueble. De pasada juntó unos versos de Alfonsina. Su destino ya estaba marcado.

II
La voluntad de quien vive sin ritmo su vida es dependiente de otro. No se mueve por sí mismo sino que la masa cósmica lo va trasladando de un lugar a otro para depositarlo, a veces, en lugares en los que no ha deseado estar. Entonces, ante la aventura de presenciar lo desconocido, el ser va mutando de formas hasta adaptarse a lo necesario, a lo que ya tiene dominado, a lo que le gusta, a lo que lo mantiene con vida dentro de su alma. Todo aquello que comienza con buenaventura tiende a terminar mal, según mi punto de vista. La lucha constante es lo que nos moviliza a seguir. Cuando el mar está calmo sabemos que no corremos peligro, salvo que nos metamos un poco más en lo profundo. Pero qué es lo que nos asusta. Y bueno, en realidad, es no saber que tan profundo es ese mar, si tenemos los pies en el aire no vamos a poder controlar nuestros movimientos, y allí aparece el miedo. La adrenalina del miedo, aunque no lo deseamos terminamos disfrutando de ese malestar. Dicho esto, desde una mirada sumamente optimista y, a no equivocarse, no es de masoquista sino más bien de encarar lo malo con una luz de esperanza. De contraria manera podríamos caer en la trampa de la tristeza, esa que no nos deja progresar, que nos ata de pies y manos para que no podamos caminar, la mala tristeza.



-¿desde cuándo pensás así vos eh?, me increpó Josefina.

-que sé yo, a uno se le van piantando los sentimientos

- vos estás fumando mucho porro

- sí, pero una cosa no quita la otra. Es decir, vos me podés observar de una manera que a mí no me agrade pero yo tengo que respetar tu postura siempre y cuando me fundamentes ese pensamiento.

- te has vuelto muy racional

- no es eso, es que simplemente estoy un poco cansado de las palabras soltadas al aire. Lo que pasa que hablar no sale plata, entonces todos tienen el derecho de opinar sobre cualquier cosa, ojo, eso no está mal, pero te vuelvo a decir que no es bueno que se ensucié a alguien o a algo así porque sí.

- estoy de acuerdo con vos, pero todo el tema de la tristeza positiva… ¿qué mierda es eso? La tristeza es eso y nada más, punto. Estás mal, hecho pedazos y que le ves de bueno a eso.

-lo que pasa es que lo veo como algo necesario. Es un episodio más en la vida de una persona. Forma parte de la experiencia, para que no te agarre desprevenido, de tener las fuerzas para seguir. Creo que es necesaria, como ya te dije. Desde ese punto lo veo positivo, hace un tiempo que decidí encarar las cosas de ese modo.

-ok, ¿traigo otra cerveza?

-sí, después nos podríamos encamar.

-¿trajiste forros?

-no

-entonces jodete porque ni en pedo.

- vos también.

Ahí nomás nos quedamos mutilando un par de discos en la antigua caja musical de mi abuela. Siguiendo el debate por el lado de la muerte.

III
Europa le sentaba bien a Maribel. Caminaba todo el tiempo por el centro de la Barcelona turística en verano, paseaba extrañando el ocio de sus días en el departamento de Balvanera. Ella pensaba que el café era más rico acá en Argentina, cerca del río. En aquellos tiempos había descubierto su pasión por la fotografía y por la literatura. Esa de lectora inalcanzable y de poeta frustrada, su traje olía a perfume caro, siempre en plan hippie moderna, trataba de analizar la mente de las personas contrarrestándolas con la de los animales. Las discusiones salían a cada rato.



- los animales pueden pensar, de hecho lo hacen y muy bien, pero no tienen la capacidad de expresarlo.

- Dejate de joder, los animales se mueven por intuición, tienen ese instinto que les permite sobrevivir dentro de algún hábitat, pero fuera de él se mueren.

- No es así, hay animales que viven en cualquier lugar

- ¿Un oso puede vivir dentro del agua? No, lo mismo pasa con un tiburón en la tierra

- Si, pero el humano tampoco puede vivir en el agua

- Ya lo sé, vos sos la que plantea cosas raras. Igual te fuiste de tema porque hablábamos de que si pueden pensar o no.

- sí, fijate que pasa por la atención que él animal desarrolla. Por ejemplo, si una rata, viviendo con otras, observa que algo que comió otra rata le cayó mal, no va a ir a comer lo mismo. Y eso por qué, pues, muy bien, porque desarrolla un pensamiento, no va a caer en lo mismo. Y es allí en donde somos iguales. La experiencia nos va formando tanto a nosotros como a los animales. Entonces todos los seres vivos debemos pasar por todas las experiencias posibles para no caer en el mismo error, comprendés

- sí, puede ser pero me parece una huevada eso de comparar a los animales con los humanos.

- tenés miedo de que te deje por un perrito

- bueh….



Maribel jugaba a ser una chica a la que no le importaba la relación formal con alguien. Ella aseguraba que su libertad no tenía límites, hacía lo que quería con su mente y su cuerpo, y que así lograría el equilibrio espiritual que ansiaba hace rato. A mí me parecía una estupidez pero no tenía mayores problemas con eso. Las cosas andaban bien, de vez en cuando el hechizo se apagaba y no nos veíamos por unos días. Yo me curtía a otras y ella salía con otros, pero cuando hacíamos el amor era porque estábamos juntos, para los demás era solo un polvo. Las fotografías que ella sacaba de los paisajes que recorría las pegaba todas en su armario grande. Se quedaba por horas observándolas porque ese momento era único para ella, cada vez que miraba una imagen se trasladaba al momento justo en que apretaba el gatillo mágico. Entonces, para ella, era como hacer una especie de catarsis de lugares. No quería estar solamente en un lugar sino que deseaba, de un solo aventón, poder recorrer todos los terrenos a la vez, a través de sus fotos. Esas imágenes que la mantenían viva, que la hacían sentir más fuerte ante tanta injusticia que para ella era la vida. Le costaba tener que respirar siempre, en toda hora. La rutina la había puesto en una situación incómoda. Hubo un tiempo en el que Maribel se quejaba de todo, de los amigos, del gobierno, del supermercado, de las drogas, de los vinilos, de todo.



- pasame a buscar en una hora

Fuimos caminando a Plaza Francia. Llevábamos una linda tela, una especie de alfombra, que la depositábamos sobre el verde del césped de la plaza. Cargábamos de agua y furia un termo para el mate, también alguna que otra flor para convertirla en humo. Ese humo que por un instante te hace olvidar lo amargo que suele ser el aire a veces. De esta forma, hasta la nariz disfruta de ese dulce aroma que nos dan las bocanadas de la naturaleza.



- Empecé a leer un libro sumamente raro. La conjura de los necios se llama.

- Toole

- ¿lo conocés?

- sí, el loco se mató antes de que le publiquen la novela porque pensaba que iba a ser un fracasado y después la mamá lo pudo editar y ganó un montón de premios.

-pobre tipo

- sí

- sabés que no encuentro el disco de Miles Davis en vivo en San Francisco

- lo tengo yo.

- sos un tonto, nunca me dijiste.

- pero me lo diste hace unos días nomás, mañana te lo doy

- más te vale, sino te voy a dar un par de piñas para que aprendas.

- que carácter. Te lo devuelvo mañana no te preocupes.

-¿le pongo azúcar?

- que pregunta estúpida… hace cuánto que nos conocemos, sabés que le pongo azúcar a todo. No me pasa el mate amargo.

- ahora sos vos el que te enojas

- no me gusta contestar pavadas.



Así podíamos pasar horas y horas, ese era el modo en que nos amábamos. Y estaba todo bien. Su atrincherada silueta me volvía, especialmente, un tonto. En realidad, la primera vez que la vi, quise que fuese mía solo para revolcarme en su cama. Más tarde supe que me había enamorado de toda su persona. Creo, más que nada, que me enamoré de su locura, de nuestras conversaciones inconclusas, de nuestros puchos compartidos, de nuestras lecturas nocturnas, de nuestra rebeldía inconsciente de dos jóvenes que no queríamos atarnos a nada.

El eterno vuelo de las golondrinas, cerca del atardecer, me hace pensar en tantas tardes armoniosas en la que uno disfruta la soledad. Aquellas son inalcanzables, como un solo de guitarra de May, como Rayuela, como Maribel. Ya no me urge la memoria para recordar todas las veces que mis brazos la abrazaron cuando ella lloraba. Sin embrago, padecía de una sonrisa inimaginable a estas alturas. Creo que, finalmente, ella no se sintió nunca libre.

martes, 9 de noviembre de 2010

Distintos pensamientos acerca de la muerte


Es extraño el sentimiento que tengo cuando me toca encarar el tema de la muerte. Esa cosa que a veces sentimos como la desdicha del ser humano, eso que nos hace sentir mal cuando dormimos, cuando soñamos pesadillas, cuando nos caemos de la cama, cuando escribimos cosas oscuras, cuando sentimos que el amor se aleja, es decir, cuando vemos que la parca anda rondando cerca. Nos pone mal, realmente muy mal. Podemos ver que nos trae muchas dudas el tema de la muerte, a veces, solemos preguntarnos cómo será, cuándo vendrá, si al morir iremos al cielo, al infierno, o a algún otro lugar en el Cosmos. Cuando la muerte pasa por al lado nuestro nos asusta, cuando vemos caer a nuestros abuelos, a nuestros viejos, a nuestros amigos, a nuestros compañeros, dejamos entrever una sensación de malestar; de enojo con esta vida porque sabemos que al final del camino está la muerte, esperando ansiosa para llevarnos a lo desconocido. A veces (y esta es una consideración personal) se me da la tierna semblanza de pensar que cuando yo me muera me juntaré con todos aquellos que ya no están vivos físicamente y que cuando estaban aquí con nosotros los hemos querido tanto que no soportamos esperar morir para encontrarnos de nuevo. Esa prosa encantadora del dolor aparece con la muerte también. Algunos aseguran, no sé cómo pero lo aseguran, que unos segundos antes de morir se te aparecen en forma de película todas las imágenes de tu vida por delante de tu rostro, como una proyección; algo tremendamente Calderoniano. Eso no lo sabré hasta unos momentos antes de morir, y eso no se lo podré contar a nadie porque ya estaré en otro lugar ¿no?

Existe toda una parafernalia acerca de este tema, tan contradictorio como apasionante también. Lo cierto es que nadie puede saber cuantas verdades o mitos hay acerca de la muerte. Cuando se representa en las historietas o en los rodajes fílmicos, podemos ver que la parca es representada por alguien que está vestido de negro, cual monje Smithiano, que lleva una guadaña en sus manos y que está dispuesto a arrebatarte de este mundo a cualquier precio. Yo, de todas formas, trato de darle una figura más poética al asunto, pienso, dentro de mí, que cuando la muerte se me presente, va a venir encarnada en una guitarra, que el mismo Jimi Hendrix me va a venir a buscar, no sé, cosas de delirio; quizás sea algo más fácil de afrontar si es así. No lo sé.

Quiero decir que la muerte me ha tocado de cerca dos veces en tan solo dos semanas. Y en las dos veces tuve dos sensaciones totalmente diferentes.

La primera fue cuando se murió Néstor Kirchner, que como todo amigo lector sabe fue (y lo seguirá siendo, es en vano el pretérito) el referente político más importante que he tenido (tengo y tendré) en mi corta pero intensa vida. He puesto de manifiesto mis sensaciones ante terrible hecho. Expuse todo mi malestar acerca del deceso de nuestro querido conductor, de nuestro líder. He tratado de encontrar respuestas en todos lados, he puteado a la muerte, a la vida, a todos.

Finalmente, decidí que debía seguir adelante por todo lo que él nos había dejado, por los compañeros, por este proyecto de país tan hermoso que nos legó.

Ahora bien, la muerte otra vez acechó por aquí pero de una manera distinta.

El que dejó de existir fue el Hijo de Re Mil Puta (así con mayúscula) de Massera. Y la verdad, amigos, es que me siento de otra manera. Sé, que no llegó a pagar todos los crímenes que cometió estando vivo el sorete, eso lo tengo claro. No hubo tiempo a pesar de los esfuerzos de este gobierno que trató (y trata) por todos los medios de hacer justicia, como el mismo Néstor lo dijo en la Esma, no con el rencor y el odio, sino con el amor que las Abuelas y las Madres siempre siguieron su lucha, buscando a sus Hijos y a sus Nietos desaparecidos. No hubo tiempo. Es así. Pero estoy tranquilo. Estoy tranquilo porque estés donde estés Hijo de Re Mil Puta; Néstor te va a ir a buscar y te va a ir a re cagar a trompadas forro, en nombre de todos. Y entonces allí, allí va a existir la justicia divina.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Una discusión


Mientras Elena jugaba en la cocina, la tía Marta cocinaba algo que olía muy bien.
De todos los presentes nadie se daba cuenta como hacían los reyes para conservar su corona en la solapa, una mitología rara, de esas que no se encuentran en los libros, sonaba muy ligeramente en mi cabeza. Aquel diálogo con José me había trastornado un poco, yo aseguraba que la historia de la colonización de Colón en su primer viaje a Guanahani fue el hecho genocida más importante de los primeros tiempos mientras que él aseguraba que lo de Cortés en México había sido peor. Yo no estaba empecinado en negar la realidad de los hechos que José me relataba, simplemente pensaba que Colón era un tanto más cruel, lo que no quitaba que el otro (aquel asesino del pueblo maya) fuese un tirano, corrupto, violador y muchas otras cosas más. Creo que ellos dos se hubiesen sentido bien en este instante sabiendo que José y yo estábamos poniéndonos mal porque no nos asentábamos de acuerdo acerca de las barbaridades de estos tipos nefastos. Recurrimos a ciertos libros para repasar los relatos que sin pudor dejaron por escrito los colonizadores. Los dos nos abrazamos con razón.

jueves, 21 de octubre de 2010

Bonham era peronista





Esto me lo contó una vez mi bisabuela materna. Una mujer que a su acrecentada edad demostraba una cultura y un dialecto extrañamente moderno. Ella era más devota de Evita que de el General pero era peronista al fin. Yo, por ese entonces, tendría unos cuatro o cinco años. Para esa época yo ya tenía muy desarrollada la memoria. Mis padres se sorprendían por el poder de retenimiento que yo poseía a tan corta edad. Sin más, me acordaba de todas las fechas de los cumpleaños de mis parientes. Realmente era algo asombroso.

En una de las tantas tardes que solía compartir con Gumersinda (así se llamaba mi bisabuela), mientras me sentaba en su falda a mirar La aldea de los pitufos (más tarde me enteraría de que eran todos narcos y que Pitufina se prostituía), se despachó con esta increíble historia.



-Estebita, te voy a contar algo que nadie sabe pero es real.



Yo miraba atónito (recuerdo) el rostro de aquella avejentada mujer, sus arrugas me indicaban que su relato sería verosímil, ya que yo pensaba que las arrugas iban de la mano de la experiencia y, a su vez, de la verdad. Esa tarde hacía mucho calor, mis calzones de goma se me pegaban a las mejillas del culo como ratón al queso, ciertamente la pasaba muy mal en esa época, como ya dije antes mi memoria se desarrollaba a un nivel superlativo pero todavía me cagaba en los pantalones. El equilibrio a veces se pierde o no se encuentra. Mi bisabuela era una mezcla de Tita Merello cuando era personificada por Sapag y de Juan Berdaguer en su plenitud. Raro amasijo el de la naturaleza allí.



-Antes de comenzar necesito mostrarte algunas cosas, me dijo.



Ahí nomás peló un par de cassettes VHS. Al segundo se largó a poner el primero en la casetera. Recuerdo que las imágenes iban de aquí para allá, todas en blanco y negro. En un momento, recuerdo, señalé la pantalla y dije algo.



- Esa persona que ves ahí es Eva Duarte de Perón, la abanderada de los humildes, la salvadora del pueblo, la guía de los desamparados. El señor que está a su lado es Juan Domingo Perón, su esposo; presidente de la República Argentina durante los mejores años de este país, gracias a él y a su esposa los trabajadores argentinos tuvieron, por primera vez, un lugar de privilegio en la sociedad argentina.



La vieja me decía esas cosas y yo no entendía un pomelo, pero bueno a mí me gustaba verla sonreír. Además, cuando se le estiraba la cara parecía más joven y yo sentía que podía llegar a estar más tiempo con ella si lograba ser como Dorian Grey. Porque para ese tiempo yo asimilaba la juventud con la vida y la vejez con la muerte. Cosas al pasar.

Luego de mirar un video que duraba alrededor de una hora sobre peronismo, sacó otro cassette de su viejo bolso. Qué será ahora, me pregunté por dentro de mí. Se levantó de su cómodo asiento, sin antes dejarme a mí en el suelo para que me sentara a esperarla mientras ella ponía el otro tape.



Me sorprendí mucho cuando comenzó a rodar la cinta. En el rodaje había cuatro tipos desaforados, todos de pelo largo, tocando música.



- ¿Te gusta esto, verdad Estebita? Esta es la mejor banda de la historia de la música, esto es el verdadero rock and roll. La banda se llama Led Zeppelin. Observá bien como tocan estos grandes músicos,(mientras meneaba la cabeza de un lado al otro).



En aquel instante pensé que a mi pobre bisabuela le había dado un ataque epiléptico.



- El que está sentado en el fondo, me dijo, es el baterista John Bonham, algunos lo llaman Bonzo, otros Johnny simplemente. Era el mejor en su rubro. Pero sabés qué es lo más, que era peronista. Ahí aparece la historia que te quiero narrar.

Allí nomás se largo a contar Gumersinda.

- Todo esto sucedió en el año 70. Por ese entonces, el General estaba exiliado en España y el peronismo estaba proscripto en el país. Estaban los milicos en el poder, flor de hijoeputas esos gorilones. En ese año Zeppelin había publicado su tercera placa o LP, que se llamaba simplemente III. Había un tema que se llamaba Mandarina, muy hermoso que se lo traduje al español a tu bisabuelo Domingo. El grupo andaba de gira por toda Europa y había vendido muchas copias. Ya era conocido por todo el mundo. No va la casualidad que los cuatro integrantes se hospedaron en el mismo hotel que Perón en España. El mundo es un pañuelo eh. En uno de esos arranques que le daban a Bonzo por quedarse largos ratos codeando una barra ajena se lo cruza a nuestro Juan. El General se sentó al lado del gran baterista. Lo notó un poco pálido. Le habló por unos momentos. Bonzo alzó su mirada y le dijo “thank you”, allí Juan se percató de que aquel tipo era inglés, entonces le dijo algunas cosas en aquel idioma. Al otro día, se encontraron en el hall del hotel y Bonham le pidió una foto. El General aceptó gustosamente. Desde allí, entablaron mediante correo una amistad entrañable. Nadie sabe, tampoco, que Bonzo la única vez que visitó nuestro país fue en el funeral de Perón. John murió unos años más tarde que el General; en unos de sus últimos shows Bonzo le dedicó un solo tremendo de batería a Perón, ante la sorprendida mirada de Plant, que nunca lo había escuchado tocar tan bien como aquella noche.
Bueno amigos, es así como el inglés fue peronista, y es allí mi fanatismo por Zeppelin y mi militancia en el peronismo. Gracias Gumersinda por ese hermoso día.





martes, 19 de octubre de 2010

Yo sólo estoy mirando las ruedas girar


A ver. Discusiones acerca de los lugares que debemos ir para morir tranquilos antes de que un sopetón nos encuentre. Si, mejor vamos para el Sur. Me gusta poner el Sur con mayúscula, no así tanto el norte. Porque norte con mayúscula se parece más al supermercado que a la región. Ni siquiera sé si sigue existiendo la cadena de comercios pero no importa sigamos de esta manera. Prosigamos. Lista de discos a escuchar en el auto mientras emprendemos la aventura. (Por orden de importancia) :

- Fantasía Doble de John Lennon

- IV de Led Zeppelin

- Canción Animal de Soda

- Superficies de placer de Virus

- El lado oscuro de la luna de Floyd

- Galore de The Cure

- After Chabón de Sumo

- Et nada de Miguel Abuelo

- Artaud de Spinetta

Seguiría con recopilaciones de Pearl Jam, The Smiths (para cuando nos pongamos melosos), Brandon Flowers (otro disco como para coger a rajatabla), y se me vuelve interminable la cuestión musical.

Libros tan solo dos:

Escritos de un viejo indecente de Bukowski

En el camino de Kerouac

La comida no importa mucho, iremos comprando en el rodaje, yerbas varias, termo, lapicera y papel por si me surge la inspiración.

La guitarra la voy a llevar por las dudas, no creo que pase pero si tengo que levantar alguna cuestión siempre es lindo que alguien rasgueé algún sonidillo conocido. La fecha sería para los primeros días de Enero, pleno verano pero voy para el Sur así me cago de frío y encuentro una excusa más para tomarme de una la petaquita que me quedó de algún viernes en el coche.

Los cigarros los llevo yo así no me desgasta la infortuna de bajar en cada kiosco porque me quedé sin puchos. Me cargo un cartonucho de Gitanes. Necesito pedir prestado una valija bastante grande porque me gusta llevar mucha ropa. Al pedo. Siempre termino usando tres remeras y el mismo pantalón de siempre.

Ah, la guita. Cuánta me hará falta. Se verá después. Espero ansioso que alguien me pueda acompañar.

domingo, 18 de julio de 2010

Oda blanca




No asustás tanto como antes. Es como verlo dentro de mi memoria, cuando recorro aquellos pasillos me encuentro disperso un poco y lucho aún más contra mis recuerdos. Dar vueltas sobre mí me ha hecho recurrir a los problemas que salen cuando, sin sentido, pienso en las circunstancias que nos llevaron a estar lejos. Ya, desde el vamos, profanábamos diferentes ideologías, no es casualidad que a mi no me joda la ropa tirada en el piso del living. En contraria posición quedábamos en la cama cuando deliberábamos acerca de lo que es la libertad. Así, todo a la ligera. Si el progreso para vos era solo un boliche bailable y para mi era una forma de vida, cómo no me di cuenta que íbamos por caminos diferentes, que las veredas no se iban a cruzar, aunque tantas veces me haya estirado para alcanzar tus manos o tu boca o tus comisuras o tus olvidos.

Ahora, las imágenes se me esfuman, la energía suma desde otro lado, van sumergiéndose las cartas que me escribías en aquella chimenea que se regodea de fuego. Desde luego, que ahora estoy con bronca, pero no es resentimiento, porque en este momento las cosas van saliendo como las predije en aquel tiempo, he curtido la siembra de la locura por muchos instantes, cuando ya no sabía si el espejo me podía dar alguna respuesta por el tiempo que perdí. Analicemos juntos. Todavía me queda por entender por qué tuve que darte tantas explicaciones acerca del disco Taki Ongoy de Víctor. Después me saltó la ficha de que los Huacas te importaban una mierda, de que la historia sólo la habías escrito vos, y que yo te aburría aclarándote el informe un poco. Y no me voy del tema musical. Nunca me perdonaste que te haga conocer Eiti-Leda. Te creíste Peperina por mucho tiempo pero resulta que no le llegabas ni a los talones, ni siquiera tomándote las infusiones. Pero siempre te encontré pálida, cuando mi nariz se resfriaba, vos te enojabas y no dabas ninguna señal.

Pero ahora, no te necesito como antes, ni un gramo. He refugiado mi alma en cosas más importantes que enrolar mi cabeza en tu porquería, porque ya no dependo de vos. Ya no te llamo, no te reclamo, no estoy pidiendo por vos. Las tardes que me has hecho feliz quedan en el olvido, y es un triste historial el que te rodea. Todo a tu paso era destruido, con cuántos cuerpos arrasaste, con cuántas cosas te quedaste.